Ojo de águila

Emili Gené. He estado viendo la Copa Masters a ratos perdidos y ha vuelto a maravillarme la precisión con que los jueces de línea (¿se llaman así?) cantan las pelotas. Eso sí son ojeadores.
Creo que, al menos de cuantas jugadas dudosas reclamadas por el tenista de turno, habían acertado al 100%. A veces en bolas relativamente claras pero en la mayoría de casos su acierto se medía en centímetros. Tan es así que su vista puede acabar siendo más fiable que la de la máquina. Si la infraestructura informática instalada en la pista tiene  ojo de halcón, la de estos turbo inspectores supera la del águila real. Como aquellos viejos tenderos que repasaban a mano las cuentas que habían hecho con la calculadora. Todo un triunfo de la biología sobre la mecánica, toda una lección humanista en esta época digital que arrincona las cualidades de toda la vida: resulta que la concentración obra milagros y que el perfeccionismo no es un defecto innato. Si ellos pueden ver mejor que uno cualquiera de nosotros, entonces es que podemos entrenar los sentidos.
La recompensa del esfuerzo.

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Telele

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11 2011

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