Pitorreo en el quirófano

Gemma Marchena. Visitar un hospital no suele ser motivo de risa, muchísimo menos si hay niños enfermos. Los guionistas lo saben y usan (y abusan) del dramatismo de las hospitalizaciones. Pero los hay que no respetan los dolores ajenos (menos mal) y se descacharran de los enfermos, los médicos, las enfermeras y los clichés de sus teleseries. Porque seamos sinceros, ya cansan esos culebrones sanitarios con doctoras confusas y enamoradas que van acompañadas de canciones moñas y médicos casquivanos y gruñones que encuentran la cura a enfermedades rarísimas. Hospital de niños (Childrens Hospital en su versión original) se pitorrea de todo. Un ejemplo: “¿Por qué le puso implantes de silicona a una niña de once meses?”. “¡Pensé que tenía 11 años!”. El que busque humor refinado que se abstenga de ver Hospital de niños, que aquí todo es zafio, bizarro y maleducado. El origen de esta miniserie, que dura poco más de cinco minutos, es Internet, donde un grupo de cómicos decidió poner en su sitio a Anatomía de Grey y compañía. Ahora TNT lo emite de madrugada. Si han tenido un mal día o la prima de riesgo de Italia les mete el miedo en el cuerpo, métanse una dosis de Hospital de niños. Se les acabarán todos los males.

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11 2011

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