Sálvalo

Javier J. Díaz. Me dan ganas de ser ultracatólico extremo y pedir a Jesús que salve el alma de los que ven Sálvame Diario (y encima les gusta). Evito este programa todo lo que puedo, pero sigo intrigado por saber la razón por la que un ser humano puede ver algo que atenta, al menos lo entiendo así, contra la dignidad de otro ser humano.
Este programa me parece uno de los contenidos más prescindibles de la televisión actual y de la no actual. El espectáculo que montan cada día sus invitados no es ejemplo de nada para nadie, y no entiendo como el precio de tener audiencia puede llevar a una cadena a jugar con la vida privada de las personas de esta manera.
No me parece que haya nada más antiproductivo y ensimismado en el mismo que este espacio y siento vergüenza ajena al ver como sus invitados se creen seres divinos superiores a cualquier otro mortal, cosa que dice muy poco de ellos.
Es una pena que los principios de la moralidad (y la decencia) se hayan corrompido tanto en el plano televisivo. Quizás sea el momento de hacer una reflexión para ver lo que falla en la realidad cuando algo así tiene tan buena acogida.

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09

12 2011

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