No entiendo nada

Josep Oliver. Como filólogo, una de las cosas que me enervan es que todo el mundo puede opinar sobre asuntos de lengua, pontificar, y quedar a la misma altura que los expertos. Lo vemos cuando hay alguna polémica y los contertulios de la tele se disponen a hablar del tema con la misma naturalidad con la que lo hacen de política internacional, economía sumergida o el nuevo tinte de pelo de Victoria Beckham. Por eso cuando los políticos se apropian del discurso lingüístico aún me enervo más. Hace unos meses, en la campaña de elecciones locales, un político de nuestras Islas aseguró que iba a defender el uso del mallorquín, el menorquín, el ibicenco y el formenterense. Sí, una cosa extraña lo sé, pero bueno. Ahora que el partido de este político está en el poder, un buen día me encuentro con que las películas de IB3 están en castellano. Y me encuentro con que los dibujos animados de las mañanas del fin de semana están en inglés. Al principio pensé que era un error, que quizá alguien despistado en el control había puesto la cadena de audio que no tocaba. Pero no: aquello era intencionado. Curiosa forma de proteger nuestra cultura.

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01 2012

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