El azote de la cocina asquerosa

Gemma Marchena. He visto cosas que no creeríais. He visto en un bar de tapas a la orilla de Es Molinar servir por cinco euros una ración de ensaladilla preparada de una cadena de supermercados que siempre tiene los precios bajos. Me han contado de un restaurante, ya cerrado, en las Avenidas de Palma que servía un miniplato de huevos rotos con una rodaja de jamón a nueve eurazos. He pagado hasta 80 euros en una cena para dos en un restaurante del centro de Ciutat donde el foie se servía con nata montada (y juro que no era un postre) y el solomillo Wellington estaba envuelto en una masa chiclosa por calentar el hojaldre en el microondas. Muchos se quejan de la crisis e incluso de la ley antitabaco, pero la hostelería balear tiene un problema de autocrítica: deberían saber cuándo sirven comida mala y cara. Y eso pasa bastante. Gracias a Dios tenemos una versión española de Esta cocina es un infierno, donde el chef español Alberto Chicote se meterá en los fogones para descubrir por qué hay restaurantes que se hunden. Es triste, pero se necesita una cámara de televisión para descubrir que lo que han estado sirviendo hasta ahora ha sido una porquería y tal vez eso, y no la crisis, ha ahuyentado a los clientes. Chicote, por Dios, mételes caña y trae algo de dignidad a la hostelería nacional.

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04 2012

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