Filo y Vane

Neus Aguiló. Aunque lleva tiempo en antena, he de reconocer que el viernes pasado fue la primera vez que vi Me cambio de familia. Filo y Vanessa se intercambiaron los maridos y los hijos por un tiempo, pues afirmaban necesitar una desconexión. Tal vez ellas aún no lo sabían, pero más que desconectar, lo que urgía en las vidas de estas marujas angustiadas era expulsar de su existencia a sus esposos. Vamos con el marido de Filo: un parado que, lejos de buscar trabajo o colaborar en las tareas del hogar, se pasaba el día entero en el bar bebiéndose el sueldo de su mujer; para colmo, descuidaba su higiene personal e iba dejando rastro por donde pasaba. La pareja de Vanessa era, si cabe, aún peor: un machista, chulo y narcisista que tenía sometida a su mujer y la utilizaba como sirvienta las veinticuatro horas del día. Vanessa estaba doblemente angustiada, pues su hijo adolescente tampoco la trataba como a una madre, sino como a una criada. ¿Pero en qué siglo estamos? Desde aquí les digo a la Filo y la Vane que espabilen, que recuperen su autoestima y que se planteen si vale la pena permanecer un solo minuto más al lado de seres como éstos.

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Telele

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05 2012

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