Bob Esponja

Alfons Martí. Es una serie muy explotada, coronada de un éxito abrumador que genera, como siempre, excesos como ventas de símbolos, emblemas y mitificaciones o especulaciones absurdas tipo: «¿será Bob homosexual, extraterrestre, frío o cálido en la vida real?», y sin embargo lo importante es que aún depara sorpresas y se agarra a esquemas interesantes al explotar a sus protagonistas. El episodio del martes fue un caso ilustrativo: Calamardo, el torpe narcisista rabioso y siempre duro con Bob, pretende suplantar a un famoso artista.
El esquema, conocido pero muy realista, nos muestra cómo el éxito en una sociedad masificada crea personajes que pueden ser suplantados, aunque no para siempre. Calamardo simula muy bien la capacidad verbal del talentoso artista pero un descuido, o más bien el dedo ingenuo de Bob y Patricio, le delata. Y es detenido por la policía. Un sarcasmo gracioso y más aún porque recuerda que en un mundo de imágenes y de teatralidad social, de confusiones continuas, un o una farsante que se cuide la imagen puede engañar a las masas, que a veces no sabes si el artista es el talentoso o lo es el simple simulador. En todo caso, acaba siendo descubierto. Incluso si se trata del entrañable y gracioso Calamardo.

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06 2012

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