Calenda y el sector público

Javier J. Díaz. Por fin Luna (Calenda para los amigos) dejará de emitirse. La serie cada vez es un despropósito más grande. El martes será el capítulo final de esta ficción que Antena 3 estrenó hace unos meses. Su audiencia ha sido buena, pero su producción (todo es de Ikea) y sobre todo su guión, son demenciales.
Pasan tantas cosas absurdas que ver Luna produce cierta risa: los policías dejan a los asesinos sueltos para que vayan a comprar el pan, todo el mundo entra al instituto de noche como Pedro por su casa, se puede tener armas sin licencia y lo mejor, la gente quiere ser un hombre-lobo como si de director de márketing con sueldo estratosférico se tratara.
Pero lo peor es el pueblo en sí, el propio Calenda. Un lugar perdido en las montañas con cuatro gatos que resulta que tiene todas las instituciones públicas posibles, juzgados y megacomisaría incluidas. Ver cómo más de 20 personas trabajan en la oficina de policía es ciertamente gracioso. Con tanto funcionario en Calenda no me extraña que el sector público esté como está.

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Telele

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06 2012

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