Humillación pública

Gemma Marchena. Más que amigos no requiere ni media neurona del espectador y entra en la categoría de Programa de Planchar. Es decir, ideal para realizar labores aburridas durante su visionado. Es una chorrada, lo sé, pero me he enganchado a las desventuras de adolescentes que están enamorados en secreto de su mejor amigo/a. Un ejemplo: Wendy, de Wisconsin, simula una cita a ciegas con un tercero que no existe. Para ello invita a su mejor amigo, por el que pierde el sentido, para que le aconseje y la lleve a la cita. Ya en la puerta en la hora fijada, ella le confiesa que si se ha pintado la pestaña es por él. El resultado es, la mayor parte de las veces, nefasto. Porque ellas, apocadas y escuchimizadas, suelen fijarse en el capitán del equipo. Ellos son los empollones que llevan años de pagafantas con la chica más guapa del instituto y se han cansado de ir de compras con ellas sin conseguir nada a cambio. El proceso de humillación pública es entretenido, en serio. Cuando ellos les sueltan un «pero es que tengo novia». Y ves a la supuesta mejor amiga hundida porque, vaya, ni se había enterado de que ya estaba ocupado. Les queda el consuelo de haber salido por la tele.

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06 2012

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