Reinventarse o morir

Nacho Jiménez. Si hay una serie que sabe reinvetarse a sí misma, y con éxito, es True Blood. El estreno en Estados Unidos de la quinta temporada, no sólo ha batido récord de audiencia, con casi 5 millones de seguidores, sino que ha supuesto un antes y un después en la trayectoria de la producción. De hecho, da la impresión, por el ambiente y la atmósfera de sus dos primeros episodios, que se trata del final de la serie, o al menos de una época. Resulta que (cuidado, spoilers ‘al canto’), el malo malísimo de la tercera temporada, Russell, ha regresado de la tumba en la que lleva más de dos años. Recuperar al villano más cruel y recordado por los fans es otro de los aciertos de esta serie que no da puntada sin hilo, no le importa dar saltos en el tiempo o, simplemente, plantea sin esperarlo giros argumentales inesperados que uno se come con patatas, y muy a gusto. El ritmo, muy ágil, es imposible que aburra incluso al más perezoso. Ya nadie duda de la calidad de True Blood, la única serie, en mi opinión, que no sólo no va cuesta abajo a medida que pasan las temporadas, sino que mejora. Déjese morder por estos vampiros, es un dolor es muy placentero, se lo digo yo.

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06 2012

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