Madrugada

Amaya Michelena. Lo de los horarios españoles es algo que no tiene nombre y parece que tampoco tiene remedio. Se dice que somos un pueblo juerguista, que al hacer la siesta ya no tenemos tanto sueño por la noche y yo que sé qué sarta de bobadas parecidas. Lo que nos pasa es que no tenemos vergüenza. ¿Y qué pinta una reflexión como ésta en una columna televisiva? El miércoles por la noche me quedé a ver una película en Antena 3. No suelo ver la tele normal –prefiero los contenidos enlatados de Ono precisamente para elegir yo el momento– porque los horarios siempre son tremendos y, aunque parezca imposible, todavía hay gente que trabaja, que tiene obligaciones familiares y que madruga. Pero esa noche hice una excepción. Había olvidado la pesadilla de la publicidad –auténtico tormento– y para no caer dormida en el interminable rosario de anuncios, conecté con otras cadenas. ¡Oh, sorpresa! Resulta que en la Primera emiten un debate político-económico muy interesante, lleno de información y análisis. No sabía nada. Creo que una tele pública está para informar y educar, no tanto para entretener. Así que felicito a los de la Primera por ofrecer este servicio. Problemilla: empieza a las 00.20 y termina ¡a la 1.50 horas!

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06

07 2012

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