Paloma del Río

Emili Gené. Si no fuera por ella, veríamos lo mismo pero no entenderíamos casi nada. En la era de la imagen, siguen siendo imprescindible la voz y la palabra. Ellas ponen lógica y discriminación al continuum de las formas, las luces y los colores, este espectáculo visual (cámara super lenta, 3D, Full HD, vídeo bajo demanda) en que está tentada de convertirse la televisión. Un medio sin músculo intelectual, pura grasa para el engorde de los sentidos: democracia de la barata, de esta que nos iguala por lo más bajo. Paloma nos aleja de la ñoñería, de no ser por ella solamente sabríamos decir «qué bonito» o «qué difícil» ante cualquiera de los ejercicios olímpicos de gimnasia como los que han llevado a nuestro Fabián a la final. Gracias a su rigor informativo y a la sobriedad de su locución, siempre orientada a una narración casi didáctica, podemos entender algo de las piruetas, las figuras, las calificaciones y los aparatos. Homenajeada ahora por su larga vida periodística (6 olimpiadas de verano y 4 de invierno), sólo cabe desear que la nueva TVE no la destituya como redactora jefe de deportes.

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07 2012

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