Huir del telediario

09

02 2013

Gemma Marchena. Llega a tal el punto de saturación y de asco que ya no hay ganas de ver las noticias. Me da lo mismo como ande la prima de riesgo o la cuenta en Suiza que hayan encontrado esta semana. No necesito saber que nos precipitamos hacia los seis millones de parados ni quiero acordarme de aquellos que huyen despavoridos (afortunados ellos) de España en busca de un trabajo con contrato, con sueldo decente, con pago de horas extra, con un horario que permita a tus hijos reconocerte por la calle… Pero la actualidad me persigue y no hay momento en la televisión en el que me recuerden que el país se retuerce de rabia como si alguien nos echara limón por encima. Sólo soy capaz de tolerar El Intermedio: estaremos fastidiados (por no decir otra cosa), pero por lo menos vamos a echarnos unas risas. Eso sí, la carcajada que sea amarga, porque no cabe de otra manera. El culebrón de las cuentas de Bárcenas contada por monos es lo más delirante que se ha podido ver en los últimos años. Que nos roben, sí, pero por lo menos riámonos de ellos. Por algo El Intermedio ha subido su audiencia en un millón de espectadores, mientras que Jordi Évole y su ácido Salvados sigue rompiendo récords. Necesitamos más voces ácidas y críticas que nos recuerden con la carcajada que esto no puede seguir así. Al fin y al cabo, es una alternativa más limpia que las guillotinas.

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