Chicote, que estás en los fogones

Gemma Marchena. Si hay alguien que se está ganando el cielo a pulso ese es Chicote, recorriéndose todos los antros del país. Aunque le harían falta dos vidas más para cubrirlos a todo, eso es cierto. El estreno de Pesadilla en la cocina del pasado jueves no pudo ser más prometedor. Un italiano y un sevillano abren un restaurante japonés de alto standing con dos chinos con los que no se entienden. Es glorioso el momento en el que le plantan a Chicote unas empanadillas al vapor que en realidad son congeladas, de las que venden en cualquier supermercado chino a tres euros las cincuenta unidades. Un negocio redondo, oiga. Mientras el italiano y su novia se desloman para que salga el negocio adelante, el sevillano, un tipo que se llama Baldo que habla de si mismo en tercera persona del singular (“Baldo quiere triunfar”), aparece de vez en cuando por el restaurante para dejarse ver. Eso sí, luego pide créditos a nombre del negocio mientras el ha puesto un miserable 25 por ciento del capital. ¿Más ingredientes para engancharse a la nueva temporada? Muchos son los restauradores que se han lanzado al negocio pensando que pagando mal a malos cocineros se podía engañar al cliente, una especie en extinción azotado por el paro y las bajadas de sueldo. Está visto que la hostelería no es cosa de oportunistas.

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05 2013

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