Días de gloria y pasteles

Gemma Marchena. Yo renegaba al principio, lo juro. Me pareció indignante servir un rissotto a un centenar de militares de pelo en pecho y quedarse tan pancho. Pero es que al final he sucumbido a los encantos de ‘Master Chef’ y ahora mismo es el único programa que consigue que me mantenga despierta más allá de la media noche. Ni ‘Esta cocina es un infierno’, oiga. El último programa fue glorioso. Maribel se fue a la calle después de enfrentarse al reto imposible de hacer unas esferificaciones a lo Adrià. Estaba claro que la prueba iba a tumbarla, ella que es el (maravilloso) estandarte de la cocina tradicional. El del pasado martes fue un programa glorioso en el que Maribel no dudaba en chorizarle el pescado a Fabián, el mallorquín que pide a gritos una sobredosis de tranquilizantes. El pobre muchacho corría como pollo sin cabeza cuando se dio cuenta de la astracanada. Luego hizo un postre divino pero con nombre inspirado en drogas duras: Primavera en Japón. Pese a su arrebato cursi y poético, me fascina este chaval que hace milagros en pastelería que, insisto, es pura ciencia: las proporciones y los pasos deben respetarse para lograr el mejor resultado. Luego está José David, que ostenta el papel de villano defensor de la nueva cocina incapaz de freír un huevo (literal) y encima fusila recetas. Sólo sé que ‘Master Chef‘ me divierte y me da hambre. Suspirar por una paella a medianoche no es muy normal…

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06 2013

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