Larga vida al «gastroreality»

Gemma Marchena. La comida es el nuevo opio del pueblo. No sé si es la droga más barata, pero por lo menos es legal. Así deben considerarlo los directivos de las cadenas de televisión españolas que se han lanzado a por los formatos gastronómicos. Primero fue ‘Esta cocina es un infierno’, donde un malhumorado Alberto Chicote mete en vereda a restaurantes cochambrosos y bares infames. Luego le siguió ‘Master Chef’, donde cocineros aficionados luchan por 100.000 euros y protagonizar un libro de recetas. Ahora toca copiar de nuevo otro formato gastronómico extranjero con Top Chef, donde cocineros profesionales se baten en duelo para coronarse con el título y abrir así su propio restaurante. Los presentadores para el nuevo programa prometen: a Chicote le acompañará David de Jorge, más conocido como Robin Food. El rotundo cocinero vasco es toda una celebridad allá en el norte y con motivo. Es el más resalado de la televisión (mucho más que su paisano Arguiñano), es la mano derecha de Berasategui y encima es el inventor de la sección Guarrindongadas, donde los televidentes le confiesan sus pecados gastronómicos, como galletas chiquilín con mayonesa y chorizo o bocata de nocilla con mortadela. Él, como sufrido presentador, se prepara la sugerencia y se la come mientras grita: «¡Esto es un asco!». Por momentos así merece que se le alce en un trono talla XXXL.

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06 2013

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