Divinity, canal nupcial

03

08 2013

Gemma Marchena. Hay placeres culpables que rallan la delincuencia y otros que son más bien vergonzantes, de los que llevas ocultos. Salvo cuando estás enganchada a un canal chorra y tienes una columna de televisión y claro, al final acaba saliendo a la luz. En mi caso es el Canal Divinity, que dedica la mitad de la programación a las bodas, la decoración de casoplones de 200 metros cuadrados y la elaboración de tartas hiperdulces. ¿Se me está gratinando el cerebro? No lo descarto, pero entonces me pongo hablar con mi amiga Inma (licenciada en Historia y Antropología, doctora en arte precolombino) y me quedo más tranquila. Ambas estamos enganchadas a los programas de bodas de Divinity. Da lo mismo que sea la búsqueda de un vestido de novia en Atlanta (donde las contrayentes se definen a si mismas como una belleza sureña) o en Beverly Hills (con la silicona y la anorexia por doquier). Pero lo mejor es el programa de David Tutera, un organizador de bodas que es capaz de convertir en algo honroso las ideas nupciales más descabelladas. Tutera se dedica a buscar novias que compran adornos chuscos en las tiendas del Todo a 100 de América que quieren que el día de su boda tenga como temática los casinos bajo el mar, los años 20 o el día de todos los muertos en México. Sí, EE UU es lo que tiene, que venden armas en supermercados y las novias están locas. Pero, ¿y lo que se divierte una viendo semejante espectáculo?

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