Dana

Emili Gené. El revuelo catódico se pasea por las tertulias: Pedrerol contando su despido en todas las cadenas y programas, que lo entrevistan como si el despido fulminante de Intereconomía tuviese más morbo que el traspaso también fulminante de Özil al Arsenal. A la tele le gusta hablar de la tele (¿acaso no es un mundo paralelo y por tanto autónomo y endogámico?), y el culebrón de Punto Pelota sigue alimentando debates: que si la caverna se hunde (pero 13 TV recoge los restos del naufragio), que si el nuevo presentador es un carroñero. Y la audiencia habla: el nuevo Punto Pelota cae en picado. Es lo que pasa en EEUU con las series, pero sin toda esta parafernalia. Cada nueva temporada se negocia según los espectadores cosechados. Por ejemplo, la cuarta temporada (esta semana acaba la tercera) de Homeland prescinde de la hija del sargento Brody: a los seguidores de la serie les cae mal que haya “matado al padre”. Y Dana (pronúnciese Dina) tiene que irse. El público manda. ¿Esto es bueno? Pues depende de para quién. Gracias a esta dictadura de la mayoría, aquí la Esteban sigue resucitando

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12 2013

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