Princesa por sorpresa

Gemma Marchena. Está visto que los norteamericanos tienen idealizada a la realeza. Si le dedican tantas películas y series de dibujos es porque, sin duda, ellos no tienen que padecerla. El caso de Disney es paradigmático: quieren convertir a todas las niñas en princesa. La serie La princesa Sofía tiene un paralelismo extraño con España. Para empezar Disney aseguró que era la primera latina de la factoría y ante las acusaciones de que era demasiado pálida, salieron con la excusa de que «es española». La princesa Sofía es una plebeya que vive en un país inspirado en el nuestro y que gracias al matrimonio de su madre con un rey se convierte en princesa. A partir de ahí, Sofía hace lo que puede para adaptarse a su nuevo papel. El problema es que es demasiado sencilla, simpática, espontánea y, no sé si les suena, campechana. Su hermanastra Amber, que es una princesa de las de verdad, no duda en mirarla por encima del hombro. Sus compañeras de la academia real también son para tirarles un ladrillo en la cabeza: princesas todas, son estiradas y llenas de prejuicios de clase. Lo que Sofía no sabe es que por mucho que se empeñe en ser una buena princesa, es muy probable que un día se case por amor con un deportista rubio con predilección por afanar dinero público. Sus quebraderos de cabeza no han hecho más que empezar, pero creo que Disney no tendrá en cuenta este detalle.

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Telele

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12 2013

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