Corresponsales en el extranjero

Alfons Martí. La figura de los corresponsales de TV en el exterior es muy particular. El reciente nombramiento de Lorenzo Milá como corresponsal en Roma se ha anunciado como un acontecimiento por la burocracia. Ser corresponsal no es moco de pavo. El poder, en el extranjero, hay que adornarlo y representarlo con talento. Se trata de un puesto clave porque lo que nos llega de tal y cual país depende de la voluntad del poder de arriba pero apoyado en el talante convincente del corresponsal, sea de radio o televisión. Àngels Barceló ya desplegó hace poco su teatralidad maternal para que nos identificáramos con los ultras que ‘derrocaron’ la democracia en Ucrania. Pero los auténticos pesos pesados de la corresponsalía siempre han mostrado rasgos de actores, cultos y conocedores de la ‘realpolitik’ de cada país.
El tieso Lorenzo no es histriónico, como su hermana Mercedes, pero tampoco es aburrido. Singulares también lo fueron la ínclita Paloma Gómez Borrero, sabedora de los ‘intríngulis’ de Italia y el Vaticano; aunque la palma se la llevan José María Carrascal, corresponsal en USA con inglés incomprensible y el inigualable Jesús Hermida, showman de altura y carisma.
Más soso era Antoni Bassas, divo de TV3 –también en USA–, que no perdonó al entonces presidente del Barça, Sandro Rosell, no haberle respondido una pregunta. Poca broma con los corresponsales.

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04 2014

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