Chef, el segundo plato

Urko Urbieta. Hay series que por su reparto y temática te dan una pereza tremenda antes de verlas. Y cuando echas un vistazo al primer episodio dices: «No ha sido tan malo». Es lo que me ha ocurrido con Chiringuito de Pepe, la nueva serie que Telecinco estrenó el pasado lunes, con unos datos de audiencia que ni la cadena esperaba.
La serie sigue a Sergi Roca (Santi Millán), un genio de los fogones con 14 estrellas Michelín, que descubre que su padre es en realidad el dueño de un chiringuito de playa en Peñíscola (Jesús Bonilla) que está en la ruina y al que debe salvar del cierre. Chiringuito de Pepe lo tenía todo para ser un desastre. La enésima comedia costumbrista casposa a la que ya estamos acostumbrados. Además, la cadena paralizó el rodaje en octubre porque no les convencía el producto. Siempre un mal presagio. Pues no. El resultado es tópico, sí. También hay escenas ridículas –la conversación en el baño entre Millán y su hijo, o el intento de suicidio con el velomar–. Pero derrocha simpatía y frescura. Algo difícil encontrar hoy en día. Y eso que Santi Millán repite por enésima vez su papel de chulillo; Jesús Bonilla hace de… Jesús Bonilla; Dafne Fernández sólo es guapa; y Blanca Portillo… esa gran actriz no sabe actuar mal.
Chiringuito de Pepe es un plato cocinado con toques de Pesadilla en la cocina, unas gotas de la película Fuera de carta y salpimentado con un poco de Verano azul. Y el resultado final no está mal.

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Telele

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06 2014

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