Sangre coagulada

Pau Ensenyat. True Blood, conocida en España como Sangre fresca, será recordada por sus seguidores como la mejor serie mala de la historia. Desde el abandono de su creador, Alan Ball, ha entrado en una evidente decadencia, pero aun así, sigue teniendo algo que no nos permite dejarla. La historia se desarrolla en un mundo donde los vampiros campan libremente y los sobrenaturales son una plaga. Ubicado en Bon Temps, una ficticia población sureña, critica ferozmente a su población cerrada y conservadora mediante el humor negro, añadiendo litros de sangre, violencia y sexo a lo bestia. Una indudable sátira, comedia excelente y pura parodia en sí misma, la fórmula hasta aquí funcionaba. Ahora, básicamente, todo se ha reducido a historias repetitivas, mucho pasteleo y guiones poco trabajados, con un grupo de personajes inflexibles y redundantes. Su histérica protagonista, Sookie Stackhouse, es irritante hasta la médula y cada escena suya resulta sobreactuada. Ahora, se emite la última temporada y no me la voy a perder, porque esta serie fue una vez irreverente, gamberra e inteligente. Porque en plena fiebre Crepúsculo, no fue difícil ganarse a cierta audiencia. Y esa audiencia, sucia y fiel desde la primera temporada, mantendrá su culo en el asiento y aguantará hasta el final.

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08 2014

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