El Niño Probeta

Gemma Marchena. Hace muchísimos años alguien me dijo que los cocineros estaban todos locos. Que el exceso de trabajo, la nula conciliación familiar y, sobre todo, las altas temperaturas gracias a hornos y fogones, gratinaban los cerebros de los chefs y pinches. Esta semana lo he podido comprobar con la primera entrega de Top Chef. Estoy maravillada con la locura de Carlos, el chef que ha venido directo desde Shangai para perpetrar ante las cámaras su “cocina extrema”, mientras confiesa que “no puedo vivir sin productos químicos”. Ya conocido como El Niño Probeta, tuvo la osadía de presentar unos sesos enteros, sobre el plato, rodeados de salsa roja que simulaban sangre. O un ‘huevo en mal estado’ que en realidad era dos clases de tomate esferificado, en homenaje al chef Chicote que tenía que catar los platos. Está tan desfasado que es divertido ver como corretea por entre los fogones al grito de “¡alginatooooo!”, que para quien no lo sepa, son los polvillos que se usan para hacer esferificaciones. Le salieron tan mal que no pude evitar acordarme de los novatos de Master Chef, mucho más duchos en esta técnica. Después de congelar una vitrocerámica con hidrógeno líquido, auguro grandes momentos gastrocatódicos gracias a Carlos.

 

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Telele

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09 2014

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