Debates políticos

Alfons Martí.  Los programadores de confrontaciones verbales han optado, decididamente, por revestir sus shows con ropajes políticos. Antes era la calaña del corazón y similares que se enfrentaban a grito pelado para imponer sus egos e imagen de jefes infalibles. Pero ahora ya son los políticos, nuevos y antiguos que juegan a lo mismo. Así como Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, llamó a un programa líder del cotilleo, los parloteos y luchas narcisistas ahora se llaman ‘debate político‘. Cuando ya no hay ideas ni opiniones responsables, queda la confrontación y el histerismo. Un tiempo nuevo, en Telecinco, se lleva la palma. Al grito de «Yo no soy corrupto», políticos con maquillaje muestran facturas para demostrar que no viajan en primera y cosas así. Sea Pablo o Pedro, y siempre con un tema simple y visceral de fondo. La ‘consulta’, la ‘corrupción’ o lo que sea, sirven para afirmar la perfección y grandiosidad de cada contertulio. Recuerdo hace tiempo a Eduardo Inda y al líder de Podemos midiendo sus carreras y cursillos. Si tuviéramos sentido común nos reiríamos mucho. Al fin y al cabo, para eso es la televisión, para entretener y reír, ¿no?

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03

12 2014

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