La jauría humana

Gemma Marchena. Anna Allen, que una vez trabajara en Cuéntame, se ha convertido en la penúltima pieza a batir. Al principio fue divertido cazar sus mentiras, tan flagrantes en algunos casos. Hasta que toda España se sumó a la batida y la actriz se ha escondido, agazapada en algún agujero del que no querrá salir jamás, seguro. Ella dijo que había ido a los Oscar, que había trabajado con menganito y fulanito. Nada grave. Algo normal en estos tiempos en los que escasea el trabajo y todos queremos dar una imagen de felicidad cuando muchas veces no es cierto. Sé de gente que ha puesto en su currículum que tiene nivel medio e incluso alto de inglés, aprendido a base de canciones de Beyonce. O que aseguran que tienen nivel avanzado de diseño gráfico, que han estudiado en tal escuela de postín o trabajado un año en tal sitio, aunque sea mentira. Pero esas farsas no se convierten en mofa nacional. Luego está el desgraciado que iba borracho de madrugada en Barcelona y le pega una patada a traición a una chica, grabándolo además. Otro zorro al que acorralar y perseguir.
Las redes sociales se han convertido en la nueva plaza medieval, donde se exponía a la víctima y a base de piedras y escupitajos, el pueblo se desahogaba. Hemos cambiado muy poco.

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07

03 2015

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