De la cocina al ‘reality’ puro

Urko Urbieta. Los concursos se terminan quemando porque la dinámica no cambia y aburren o porque los concursantes no dan la talla. Y eso es lo que está pasando con la tercera temporada de Masterchef, el famoso concurso de cocineros amateurs de La 1, que no deja de sorprender esta edición por la poca calidad de sus contendientes, en cuanto a dotes gastronómicas se refiere. Porque de personalidades borderline van sobrados. Ya detecté con preocupación en la fase de casting que el jurado estaba más pendiente de darnos a conocer las vidas lacrimógenas de algunos de los concursantes –caso de Fidel, el joven exmilitar criado en un orfanato; o Sally, empeñada en recordarnos en cada programa que echa muchísimo de menos a su niña–. Pero con tres programas emitidos, queda claro que esta edición las dotes en la cocina han quedado en un segundo… o tercer plano, y priman más los ‘personajes’. Si no tuvimos bastante bochorno con la expulsión de Alberto, que presentó una patata mal cocida con ‘forma’ de león, ahora le siguen a la zaga el Pablo, el llorón, y Andrea, ‘la cuqui’. Ninguno ha demostrado una pizca de ingenio en la cocina, pero dar juego en el programa les permite seguir semana a semana, en detrimento de concursantes menos carismáticos… o normales. Así que ya saben, si necesitan un psicólogo para controlar impulsos o demostrar que no tienes neuronas en el cerebro, Masterchef ya es su programa.

Etiquetas: ,

Acerca del autor

Telele

Otras entradas por

Sitio web del autorhttp://ultimahora.es

03

05 2015

La publicación de comentarios está cerrada.