La carne en el asador

Urko Urbieta. Les puedo asegurar que aplaudí como loco la primera tanda de episodios de El Príncipe, pero tenía mis dudas sobre su segunda temporada. En mi opinión, querían estirar el chicle de una intriga que no daba para más allá de sus 13 primeros capítulos. Pero me he equivocado. Los nuevos episodios han puesto toda la carne en el asador desde el primer minuto, y cumplen con creces la máxima de toda serie o película de intriga: hacer creer al espectador que todo está resuelto y, a continuación, dar un giro inesperado a la trama para dejar sin respiro al sufrido espectador. Los guionistas de El Príncipe, más listos que nadie, juegan esta temporada sobre seguro. Saben que el clamoroso éxito de su primera tanda de capítulos –con una media de más de cinco millones de espectadores y un 26.8% de share– se debe a la novedad de la historia, a la intriga bien llevada, a los giros locos (aunque previsibles, seamos sinceros), así como a las dosis de carne de gimnasio de Álex González y Rubén Cortada, y las curvas exóticas de Hiba Abouk. Por decir algo malo, porque la serie de Telecinco no es perfecta: tiene tramas y secuencias cogidas por los pelos. Y por desear algo, le rogaría a Hiba Abouk (Fátima) que fuera a clases de interpretación, porque recita sus diálogos como si leyera las ofertas del Mercadona, destrozando así cualquier escena romántica con sus compañeros, bastante más solventes.

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Telele

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05 2015

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