Sin Euphoria

Javier J. Díaz. El principio de siglo XXI le sentó muy bien a Eurovisión. Tras una década de los noventa complicada, con una pérdida de audiencias generalizada, el Festival había perdido su influencia y ya no levantaba tanta expectación como antes.
Sin embargo, tras el nuevo siglo, todo cambio. Primero Dana Internacional y luego un ejército de freaks lo pusieron de nuevo en el centro de todas las miradas. No por su música, como antaño, cuando Abba o Julio Iglesias recalaban en Eurovisión, sino por el espectáculo en sí. Personas de todos los colores y formas, con músicas de todas las estridencias. Esos primeros ‘brillantes’ años de los 2000 se cerraron con la victoria de la sueca Loreen en 2012 y su tema Euphoria. Precisamente esa euforia les ha llevado a morir de éxito. Desde entonces, eso sí, la audiencia les sigue acompañando. Lo único que le salva de la quema, porque audiencia es dinero. Aunque el año pasado, el fenómeno gay-Conchita lo revivió, este 2015, las baladas aburridas y las canciones de gasolinera-chichinabo han vuelto a apoderarse del certamen. Necesitamos, o buena música o algo diferente. De momento, muy poco de ambos. Solo audiencia.
Mañana, entre Suecia, Italia, Rusia y Estonia se juega la victoria. Ninguna de esas canciones, voces ni puestas en escena marcarán nuestras vidas. Y la de España, menos. Solo un atisbo de Bélgica y Austria, que pasarán desapercibidas.

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05 2015

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