Un ‘soufflé’ decepcionante

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06 2015

Gemma Marchena. Esto ya se veía venir, pero el lunes lo confirmé: la serie Refugiados me ha supuesto una decepción de proporciones colosales. Con la buena pinta de partida que tenía. Era como un soufflé, que ves en el horno dorado e hinchadito y en cuanto le metes el cuchillo para hincarle el diente, se desinfla. La premisa era estupenda: llegan del futuro 3.000 millones de personas para esconderse en nuestro presente, lo que supone un lío porque te puedes topar con tus nietos ya convertidos en adultos. Nos machacaron con la apuesta de La Sexta con guiones y equipos españoles, sumados al apoyo de la BBC y actores ingleses. El conjunto ha sido raro: como ver a un montón de guiris metidos en casa de tu abuela. Señores ingleses gesticulando y doblados, rodeados de tapetes de ganchillo y coches de matrícula española. Y la resolución ha sido pobre. La escasa información que nos proporcionaban de los hechos del futuro no aportaba misterio, sino que mostraba la carencia de medios. Una escena futurista (juraría que la única de toda la serie) no se arregla con un decorado de hormigón y lucecitas de colores. El final ha sido, cuanto menos, desconcertante. Cuando un guionista le diga que ha dejado una historia abierta para la libre interpretación del espectador, piense que, si no es Tony Soprano, es muy probable que se haya quedado sin ideas. O sin dinero.

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Telele

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