Público infantil

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08 2015

Repasando la programación, hay amplia producción para niños. Aunque cantidad no es calidad y pese a haber series excelentes, es el trasfondo lo que cambia. Hace unos años, los dibujos tenían fuertes raíces en lo humano y el valor de la amistad o la bravura. Dostoievski dijo que un buen ejemplo familiar confiere más carácter y educación que toda la formación planificada. En los 80 aparecieron series que, en ciertos contextos, serían la mejor vacuna contra la desesperación, la tiranía o el suicidio moral de la juventud. Eran series como Willy Fogg, adaptación de la novela de Julio Verne, cuyos valores máximos eran la amistad y la libertad. El lema de estas series era explícito en su música y diálogos. Se fomentaba el gusto por viajar, moverse libremente y asociarlo a la amistad desinteresada, al respeto a la persona y al valor de enfrentarse a situaciones porque el mundo está ahí y hay una sabiduría a tener presente.  «Hay que ser amigos eso es lo fundamental. Hay muchos peligros, cosas fáciles, difíciles, aventuras y desventuras, sin parar». Sin este trasfondo, falta algo en lo infantil y sobra superficialidad. Y son aquellas series que te forman y son un tesoro para vivir de verdad.

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Telele

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