Hay cosas que no cambian

Margalida Ramis. Telecinco emite ya la 16ª edición de Gran Hermano, un ‘reality’ que se vendió como un experimento sociológico. Los concursantes, ciudadanos supuestamente ‘normales’ y desconocidos entre sí, conviven en la ya famosa casa de Guadalix de la Sierra. En casi todas sus ediciones, el programa se ha convertido en un éxito y los telespectadores pueden seguir a diario las vivencias de la casa.
Recuerdo las primeras ediciones, cuando había que recurrir al olvidado teletexto para ver los resúmenes de lo que ocurría dentro. A día de hoy, las redes sociales le han cogido el relevo. Sin embargo, hay cosas que no cambian: sofá, manta, lágrimas y peleas marcan todas las temporadas, una tras otra. Casi eran mejores los resúmenes del teletexto ya que, actualmente, seguir a diario la vida de los concursantes llega a ser aburrido. Suerte de los programas de Telecinco que, con el ingenio de los guionistas, dan un poco de vida a la que falta allí dentro. La verdad es que de experimento sociológico tiene poco: los concursantes son cada vez más mediocres y la presentadora, la eterna Mercedes Milá, está más que caducada.

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10 2015

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