Programas de sociedad

Alfons Martí. Hace tiempo que la televisión pública ha aumentado la cantidad de programas de sociedad. En 2013 hubo polémica porque en La 1, junto a comentarios sobre la pérdida de peso de tal o cual esposa y madre de alta sociedad, se aconsejaba a los parados que rezaran para lograr empleo. La vida sigue y hay presupuesto para estos programas cada vez más largos. Son guiones que buscan deslumbrarnos con aristócratas adaptados, quienes, siempre desde su alturas, marcan la pauta de lo que el vulgo tiene que copiar. Los antropólogos afirman que no hay nada más regresivo y maquinal que la imitación social. Pues bien, mediante los programas de sociedad aprendemos que la casa a envidiar es la faraónica y superflua; que el vestidito de tal estereotipada amiga de sus amigos mañana triunfará y que los cortesanos de sociedad hablan exclusivamente de lo suyo, de los suyos y de lo que les interesa solo a ellos. Repiten banalidades como que se sienten bien, felizmente emparejados y esperando un cuarto niño. O que el trabajo es lo importante, el dinero les fluye y que lucen nuevo look. Jamás cuentan por qué están felices, ni una anécdota que revele las virtudes de sus amoríos ni las razones del interés público de un parto normal. Bueno, eso sí, vemos que son vulgares como presuntamente somos el resto. Pero ellos importantes.

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10 2015

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