Reabrir heridas

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10 2015

Neus Aguiló. A Gonzo se le quedó la mirada más triste que de costumbre. Muchos nos entristecimos hace unos días con las entrevistas del reportero de El Intermedio a tres octogenarios que siguen buscando los restos de sus padres asesinados durante la Guerra Civil. Todo vino por las declaraciones del senador José Joaquín Peñarrubia, quien aseguró que «ya no hay más fosas que descubrir, salvo que se empeñen en buscar a Lorca en los cuatro puntos cardinales de España». Esas declaraciones de tan mal gusto y  de tan poca sensibilidad hirieron especialmente a personas que, como Hilda Farfante, Manuel López y Ascensión Mendieta, darían lo que fuera por localizar los restos de sus padres. Los tres testimonios fueron muy duros, pero resultó especialmente sobrecogedor el de Farfante, quien relató cómo fusilaron a su madre y después a su padre cuando ella tenía cinco años. Hilda acabó la entrevista recitando un poema de Marisa Peña («Mientras me quede voz/ hablaré de los muertos/tan quietos, tan callados,/ tan molestos»). Tras prestar atención a las palabras de los tres ancianos me quedé con el corazón en un puño y con una idea: abrir las fosas del franquismo no es reabrir heridas: no pueden reabrirse heridas que todavía no han sido cerradas.

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Telele

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