La tele sigue viva

Nacho Jiménez. Los casi nueve millones de espectadores que amasó el estreno en televisión de Ocho apellidos vascos constatan que la pequeña pantalla, esa caja tonta que nos encanta, está más viva que nunca. Vale que este filme ha sido y es todavía todo un fenómeno cinematográfico y, sobre todo, social. Aún así, esos datos de audiencia no se alcanzaban, en el caso de una película, desde que La 1 emitiera Cateto a babor en 1992, casi nada. Es cierto que la manera en la que muchos consumen el contenido televisivo ya nada tiene que ver con su emisión en directo; la interactividad que ofrecen las plataformas de pago permite que el espectador vea lo que quiera cómo, dónde y cuándo quiera. Esos nueve millones de españoles enganchados a la película más taquillera de la historia de este país desmontan, en gran parte, las teorías que afirman que este medio está a punto de morir, al menos tal y como lo conocemos. Bien podría tratarse de un hecho puntual, puesto que en la actualidad lo único que sobresale en cuanto a audiencias es el deporte; hubo un tiempo en que el deseado share era para los reality-shows, con hitos como el primer Gran Hermano u Operación Triunfo, aunque el tirón de este formato haya perdido fuerza. También algunas series de marca nacional han alcanzado techos muy altos, como Los Serrano, Cuéntame o Aquí no hay quien viva.

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11 2015

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