La esencia de los perfumes

Margalida Ramis. Cuando se acerca la Navidad, los anuncios que se emiten en televisión son acorde a la época del año en la que estamos inmersos. Si de pequeña me quedaba boquiabierta ante la publicidad de juguetes, especialmente de muñecas, con lápiz y papel en mano para escribir mi carta a los Reyes Magos, ahora me fascinan los spots de perfumes. Ya no impera en mí la inocencia de antaño, ni tampoco tomo nota para escoger a mis preferidos. Prefiero olerlos antes de usarlos, pero me gusta la magia y el glamour que transmiten esos anuncios. Los personajes, los vestidos, la música, el escenario… Sin necesidad de recurrir a villancicos ni a decoración típica navideña son capaces de contagiar la esencia de esa época del año. Más que eso. Trasladan un estado de ánimo acorde a cada persona. Quizás por eso me gustan tanto. Porque permiten evadirte al mismo tiempo que soñar despierto. Es un clásico regalar un perfume, y algo recurrente, pero jamás olvidaré la cara de felicidad de mi ‘mami’ –así es como llamaba a mi abuela– cada vez que abría su paquete de Anaïs-Anaïs en Navidad. Y es que esa magia de los anuncios se traslada a los paquetes que las secciones de perfumería preparan para las ocasiones especiales.

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Telele

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05

12 2015

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