Programas de emparejamiento

Alfons Martí. En varios canales se emiten programas que emparejan gente, es decir, muestran cómo personas presuntamente reales siguen un guión para lograr ser amados. Impensable hace una década, estos espacios parecen dispuestos a controlar aspectos muy personales, como si los seleccionados ni siquiera tuvieran la libertad de ser espontáneos en sus sentimientos. Se presenta el amor como una carrera. Hay que ganar. No hay sentido del humor, al contrario de las originales historias de amor, como el género de la comedia romántica. Aparte de un comportamiento falso a todas luces, se muestran las humillaciones como manera de adquirir el premio de la pareja. Y un conformismo acusado: el concepto de princesa, por ejemplo, es contrario al clásico e idéntico al despótico moderno. En los cuentos, la niña virtuosa y bella era admirada por el pueblo por su valor al escapar de una madre narcisista que le prohíbe la libertad y el contacto con el chico extranjero similar. El pueblo les llamaba princesas por su humanidad y el amor era mutuo. Hoy, la realeza que se promueve en el guión es el egocentrismo. Uno tiene que ganarse algo, pasar exámenes y triunfar sobre la competencia. Eso sí: todos muy disfrazados y sintiéndose superiores e importantes en la ficción amorosa.

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Telele

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01 2016

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