Bizcoho ensangrentado

Gemma Marchena. Llega una nueva edición de Masterchef y, una vez más, su casting no decepciona. Desde las andaluzas graciosas (este año gemelas) a la señora mayor que le mete a todo patatas fritas, por no hablar de la modelo metida a cocinillas. Me fascina el ingeniero que afirma que la cocina es igual que la física, mientras calcula al vuelo las cantidades para hacer croquetas para ochenta personas. Pero si hay alguien que me ha dejado petrificada es Aniuska, la deportista de élite que abandonó el campeonato de España de atletismo para dedicarse a las ollas. Sin embargo, pese a su fiero entrenamiento, que podía parecer que tendría más facilidad para someterse a la dura disciplina de la cocina, lo cierto es que no ha durado ni un telediario. En cuanto perdió la primera prueba empezó a llorar y gesticular, mecida por el catastrofismo más absoluto, mientras decía entre hipidos que ya se lo decía su abuela, que no pasaría del primer programa. Abuela de Aniuska, ahí le has dado: el bizcocho ensangrentado con harina de maiz y rebozado de leche condensada y que encima se quedó crudo, la ha dejado en la calle. Pese a su carácter histriónico, no puedo evitar la pena por una chica que debería haber huido de la televisión para meterse en la consulta de un psicólogo.

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04 2016

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