Ladybug, el nuevo mal

Gemma Marchena. Ladybug ha irrumpido en el canal Disney y en seguida todas las niñas (y digo yo que habrá algún niño), han caído rendidas. Es una nueva serie de animación de superhéroes que se enamoran entre ellos. Su trazo recuerda al anime japonés, aunque está ambientado en un instituto de secundaria de París. Marinette es una chica que sueña con ser diseñadora de moda y que tras heredar unos pendientes se convierte en Ladybug, una especie de supermariquita. Su compañero Adrien, por su parte, es modelo (!¡) e hijo de un gran diseñador, que se convierte en Chat Noir. Ambos están enamorados entre ellos (no me extiendo porque es como un culebrón), aunque no lo saben, mientras intentan salvar París del mal. Vamos, que Ladybug le hace a los superhéroes lo mismo que Crepúsculo con los vampiros: idiotizarlos hasta convertirlos en adolescentes de quince años. Desde aquí les digo que la serie, aunque en un principio iba dirigida a preadolescentes, fascina a niñas de cuatro. Aquí es cuando una se pone dramática y critica a estas series sobre bobas superheroínas embutidas en ridículas mallas, que pierden los papeles cuando ven a un chico, una serie que no debería estar en un canal infantil. Que esto no pasaba en mis tiempos. Bueno, ahora que recuerdo Candy Candy… Claro, así le ha ido el pelo a mi generación.

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02

04 2016

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