Lujo y puterío a la tailandesa

Urko Urbieta. Los que esperábamos que la ficción española se adentrara por fin en el mundo de la política nos hemos topado con La Embajada. Desgraciadamente, la nueva ficción de A3 no es ESA serie sobre partidos, política y corruptelas varias que este país necesita ver. La premisa es, sin duda, atractiva. La familia del embajador español en Tailandia, recién llegada al país, tendrá que lidiar con un nido de víboras, en forma de funcionarios de la peor calaña, dispuestos a pisotear a cualquiera que no les permita seguir medrando. El problema llega con su torpe guión. El primer episodio intenta contar tantas cosas y tantas tramas que al final no termina de funcionar. Hay mucho diálogo suelto hablando de política, pero que se diluye entre todo el lío de faldas. Eso sí, Belén Rueda, que nunca ha sido la mejor actriz de este país, demuestra una vez más que con un buen papel puede ser toda una leona interpretativa. La Embajada es un producto muy bien empaquetado, con una fotografía y dirección de nivel, a pesar de los horribles cromas, que solo pretende atraer al público de Velvet. Lo que no es malo en absoluto. Se trata de un culebrón lleno de lujo, y mucho puterío, ambientado en un país exótico. Nada nuevo bajo el sol. Para conocer la corrupción y las altas esferas, habrá que volver a revisar la excelente Crematorio.

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05 2016

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