Medallas para todos

Gemma Marchena. Ando fascinada con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, para no perder la costumbre de cada cuatro años. No hay nada como poner el canal Teledeporte y acabar viendo un emocionante partido de waterpolo femenino, algo que no haría en otra época del año. Igual de fascinante que el hockey sobre hierba, halterofilia o tiro con arco. Da igual que desconozca las normas básicas de cualquier disciplina que se me ponga por delante: para subsanar las dudas ya están los sabios locutores, que todo lo saben. Para alguien que no sigue el deporte, pero lo que se dice ninguno, en estas tres semanas me empapo hasta el hartazgo. No dudo en quedarme hasta las tantas viendo brincar a las chicas de la gimnasia deportiva, tan pequeñas como poderosas. De paso, te vas enterando de las historias de superación, como la de Simone Biles, una diminuta norteamericana que es todo músculo y purpurina, de madre alcoholizada y criada por sus abuelos. Y mientras tanto, van cayendo deportistas que han entrenado durante años para perderlo todo en un minuto. Se ven sus lágrimas furtivas, el cansancio en los músculos hiperdesarrollados, la obsesión de la perfección que justo esa noche les estaba vedada… Y que cansada se siente una cuando percibe todo ese esfuerzo mientras estoy sentada en el sofá.

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08 2016

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