Roger

Emili Gené Vila. Nadal es el mejor deportista español de todos los tiempos pero la televisión pública española no tiene competencias para poder retransmitir la final del Open de Australia, que supone el regreso triunfal del mallorquín al escenario internacional. Lógica de mercado que escapa al sentido común y al discurso político. Nuestros líderes y gobernantes no se cansan de alabar y halagar el deporte como generador de valores o de hacerse fotos al lado de los campeones, pero desaparecen a la hora de garantizar que un evento de primerísima actualidad y trascendencia pueda ser seguido en directo por todos los ciudadanos. Tras la polémica aquella del fútbol como servicio público que las teles debían asumir, las cadenas han dictado sentencia: hay que pasar por caja. Suscribirse a alguna de las ofertas del oligopolio teleco, única opción para ver la Copa y la Liga o el partido de Nadal contra Federer. Los más viejos recordarán los tiempos en que la tele era un bien social: se veía en casa del vecino o del club del pueblo. Ahora tenemos que meternos en un bar, si no tenemos en casa Movistar Fusion, Orange TV o Vodafone TV, para contemplar en Eurosport las lágrimas de Roger justo al acabar el partido.

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01 2017

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