Dos décadas enciclopédicas

Gemma Marchena. En estos tiempos en los que la televisión casi siempre es motivo de crítica, es una buena noticia que Saber y ganar cumpla veinte años. El decano de los concursos se ha convertido en una presencia entrañable después de comer. Pueden pasar meses sin visitarlo, que siempre permanece igual, con sus preguntas de cultura general, ese Jordi Hurtado que sí que envejece pero se mantiene estupendo, y ese amor por el conocimiento, que se agradece como la aparición de un ave rara.
Uno de los veteranos, de esos que sobrevivieron a 200 programas, afirmaba estos días que participar en Saber y ganar no da dinero «pero sí prestigio». Y es verdad verdadera. Todo aquel que ha pasado por su plató para batirse en duelo con sus compañeros, el cansancio y los nervios, sale con el orgullo de ser uno más de la tribu de este concurso. Incluso debería ponerse en el currículum. ¿Es igual con los que pasaron por Gran Hermano o Mujeres, hombres y viceversa? Cuentan los que han pasado por el programa de Jordi Hurtado, que son más de 2.000, que hay cierto cariño entre los que los reconocen por la calle. Pelean como jabatos por cada euro, pero se les reconoce el mérito intelectual en el supermercado.

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02 2017

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