Sin final feliz

M. Lluc García. Siempre he creído que el amor es como el que te enseñan las películas Disney y que termina con un final feliz. No sé si tiene algo que ver que desde que era un bebé mis padres me ponían estos films y a día de hoy sigo mirándolos, hasta el punto en el que me sé todas las canciones y diálogos de memoria. Sin embargo, hace unos meses decidí que era el momento de dejar mi infancia a un lado y ver películas más adaptadas a mi edad. Sin olvidarme de mi mundo de fantasía, me he enganchado a la serie Érase una vez. Los primeros capítulos me han roto los esquemas del concepto que tenía de Disney. Ahora ya no veo a la Cenicienta, Ariel, Aladdin o Peter Pan con los mismos ojos, aunque he de reconocer que esta versión es mucho más realista que la de dibujos animados, pero la historia no es la misma. En Érase una vez todos los personajes de los clásicos cuentos de hadas vivían en el Bosque Encantado y ahora están atrapados en el pueblo de Storybrooke sin recordar quiénes son en realidad,  y solo una persona puede romper el hechizo que les ha enviado hasta allí. El relato que nosotros conocemos no se asemeja mucho con Érase una vez, aunque la mayor diferencia es que en esta serie los finales felices no existen.

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Telele

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02 2017

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