La sombra de ‘Salvados’ es alargada

Urko Urbieta. Nadie puede negar que Malas Compañías bebe, y mucho, de la estética de Salvados. Y, al igual que el programa de Jordi Évole, visualmente es impecable. El nuevo espacio de la Sexta pone en el punto de mira la corrupción más flagrante –en esta ocasión, diversos casos sucedidos en la Comunitat Valenciana–. Para ello cuenta con testimonios de arrepentimiento de diversos implicados. Aviso para el espectador: si no soporta programas de la casa como el mencionado Salvados, pero tampoco El Objetivo o laSexta Columna, mejor absténganse. Al menos en su primer especial, emitido el domingo pasado, Malas Compañías pretende ser una charla tranquila, sin aspavientos, con personas que vivieron en primera persona la corrupción. Quizá comenzar con el caso de Toño Sobrino, exconcejal en Alicante, no fue el más interesante. Pero quedó compensado por las entrevistas a Esteban Cuesta, un ATS metido a gerente de una empresa pública, así como al fiscal anticorrupción de Valencia, Vicente Torres. Dos entrevistas notables, sin duda. Uno de los ‘peros’ a Malas Compañías es que solo parece apto para fans incondicionales de Cristina Pardo, una de esas periodistas muy en boga en la Sexta, que destacan sobre el ‘contenido’ e, incluso, sobre sus propios invitados. Ustedes deciden.

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Telele

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04 2017

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