Evolución a ritmo desigual

Margalida Ramis. Marga tiene miedo a enamorarse porque no quiere sufrir; Carlota debe enfrentarse a diario con su padre para poder llevar la vida que ha decidido; Ángeles sufre maltrato por parte de su marido; y Lidia lucha a diario para sobrevivir y evitar pagar por delitos que no ha cometido. Son las protagonistas de Las chicas del cable, la primera serie de producción española de Netflix, ambientada en la España de 1928. Pero estas historias podrían ser las de cualquier mujer del siglo XXI. Lo único que las diferencia es su puesto de trabajo: son telefonistas, un empleo que a día de hoy ya no existe debido al avance de las nuevas tecnologías. Esta serie me ha llevado a reflexionar sobre la desigual evolución del hombre, entendido como especie. Mientras que ha sido muy hábil para progresar en todo lo relacionado con las comodidades de su vida diaria; aún no ha sabido combatir la estructura patriarcal que sigue imperando en la sociedad actual. Se trata de algo muy arraigado que ni siquiera las nuevas generaciones son capaces de superar, y todo ello bajo el pensamiento aún demasiado extenso de que se trata de algo ‘natural’, cuando no es más que una construcción social.

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Telele

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08

05 2017

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