Control de fronteras

Javier J. Díaz. La versión española de los programas de control de aduanas americanos, neozelandeses y australianos ha mejorado en su segunda temporada, algo que no siempre pasa. Control de fronteras sigue mostrando la olvidada realidad de las fronteras españolas. La labor de las fuerzas de seguridad en fronteras terrestres y marítimas pone de manifiesto que la picaresca sigue siendo el deporte nacional. Al contrario de lo que pasa en las versiones anglosajonas, donde parece que lo más importante es detectar a pasajeros que van a trabajar ilegalmente. El espacio español dejó claro en la primera temporada que la principal preocupación es parar a esos contrabandistas que hacen todo lo posible por birlar el control aduanero. Esta segunda temporada muestra, entre otras cosas, cómo los vacíos legales permiten que muchas personas se vayan casi de rositas tras ser pillados. Este tipo de programas sirve no solo para educar a la sociedad, sino también para disuadir al público y evitar actitudes fuera de la ley. No solo es delito traficar con sustancias estupefacientes, sino también traficar con animales, introducir alimentos prohibidos, entre otras muchas tretas que se han visto.

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06 2017

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