Andrea, el pollo y el tomate

Gemma Marchena. Nuestra Andrea, porque ya es de todos, ha cumplido los 18 años y los medios parecía que estaban en la cuenta atrás de Año Nuevo. Andrea Janeiro ya no pasea con la cara pixelada ni el tomate en la cara, como hacían cuando era sólo una niña. Como aves carroñeras, se han revelado las fotos y han surgido los comentarios. Andrea pasea cabizbaja, avergonzada, sabedora de que las cámaras se le comen la cara. Se tapa la barbilla con el móvil, a ver si así desvía la atención. Pero no ha sido posible. Las redes sociales ya han ardido y las piedras virtuales la han lapidado en el paredón de Internet. Y resulta que sólo es una cría, que igual ni quiere que la fotografíen. Por una vez entiendo el furor materno de Belén Esteban. Ahora se entiende mucho mejor eso de «Andreíta, cómete el pollo», que es una cosa muy de madre, pelear para nutrir a tus vástagos. A gritos a veces, por desgracia. Andrea está metida en la farándula desde que es un feto y no me cabe duda de que, si pudiera, le gustaría ser una chica normal con una familia normal que ve el Sálvame y comenta la azarosa vida de la Esteban. O no, quien sabe.

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Telele

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07 2017

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