Atletas

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08 2017

Emili Gené. Hemos enlazado los mundiales de natación en Budapest con el mundial de atletismo en Londres. Qué diferencia. No me refiero al resultado deportivo, con el contraste entre Mireia y los atletas españoles o al contraste entre los nadadores que han tomado el relevo de Ian Thorpe o Michael Phelps frente al ocaso de Ruth Beitia, Mo Pharad y Usain Bolt. Me refiero al espectáculo televisivo. La cercanía de ambos eventos nos ha permitido evidenciar todavía más las dificultades de la natación para convertirse en un entretenimiento audiovisual atractivo. El mismo escenario, las mismas escenas. Ni siquiera la cámara superlenta o las tomas subacuáticas compensan la monotonía de las pruebas. Por contra, la diversidad de ejercicios y disciplinas del atletismo, que además se disputan en espacios específicos, suponen un valor añadido a la emoción de las marcas. También la edad de algunos atletas permite a los comentaristas un mayor repertorio de anécdotas por contar: la edad útil de los nadadores es demasiado corta. No importa que ya apenas se batan récords. El atletismo sigue enganchando en la tele.

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