Fair play deportivo

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12 2017

Alfons Martí. Los detractores de las tradiciones critican al fútbol por ser popular. Sin embargo, lo que ha ganado importancia es su utilización como arma de enfrentamiento. Ahora, ganar y sumar es un acto religioso. Eso choca con el espíritu del fútbol, fundado en la emoción de juego trepidante y de acciones personales. Los comentaristas acusan esta pérdida de objetividad. No existen las buenas jugadas, sino los números. Leemos que un jugador «vale tanto en el mercado» lo que les sitúa en la categoría de mercancía esclava. No se denuncia porque se les compra a base de buen sueldo y ser líderes de la parroquia. En el canal Bein, el nivel de objetividad es aceptable, pero no lo corriente. Aún es posible seguir una jugada y escuchar un comentario desenfadado que se basa en algo que uno ha visto también, no fabricado por el partidismo. El juego es escenario de situaciones interesantes, pero la tendencia a presentar al jugador como superhumano lleva a la censura de la naturalidad humana. Por ejemplo, los propios jugadores se tapan literalmente la boca cuando hablan civilizadamente entre ellos o con los rivales, es decir, cuando son humanos pero genuinos. Triste.

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Telele

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