La nostalgia de lo de siempre

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07 2018

Iris Luque . La época estival tiene muchos clásicos. La playa, el aire acondicionado o las cenas al aire libre son algunos de los detalles imprescindibles de cada verano. Pero hay un clásico que, a pesar de llevar más de diez años ausente, sigue presente en la memoria de muchos: el Grand Prix. Este programa es el rey de la nostalgia de los veranos y es que daba grandes momentos a la audiencia: los disfraces imposibles que llevaban muchos de los concursantes, la publicidad más que obvia de las bombillas Osram o la presencia de los padrinos más bizarros de la televisión son solo algunas de las joyitas que nos regalaba el show. Era una especie de Humor amarillo castizo. El Grand Prix también puso sobre el foco a muchos de los pueblos más escondidos de España, y humanizó a los alcaldes de dichos pueblos, que recibían el estallido de la patata caliente. Todas las vaquillas tenían sus presentación y, aunque los animalistas estarían hoy en día en contra, era divertido conocer de cerca a estos animales y ver como lanzaban por los aires a concursantes vestidos de lobos. Desde aquí hago un llamamiento a los directores de RTVE: el país entero espera el Grand Prix.

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